® Rubén Cernuda
En una charla en la que se estaba hablando de mi libro “Karate el camino perpetuo de mi vida” el moderador me pregunto sobre varios puntos haciendo hincapié en un capítulo en el que yo hablo sobre unas traiciones que me tocó vivir.
En este capítulo narro varias cosas que marcaron y mucho el devenir de mi vida, ya que fueron unos momentos muy complicados psicológicamente, pero también no es menos cierto que hoy los veo como unas vivencias que me aportaron una sabiduría muy importante sobre las personas, es como si esos malos y decepcionantes momentos fuesen una carrera universitaria o un máster especial sobre la realidad de la vida.
Vivirlos a una edad temprana fueron dañinos, ya que una mente joven no está preparada para ello y a estas edades eres mucho más ingenuo con todos estos temas, no estas preparado, y además es que no llegas a creer que existan estas posibilidades y más que encima vengan de alguien que considerabas de los tuyos o de tu misma sangre. Sin embargo después de muchas décadas dedicadas a una profesión que me ha obligado a vivir rodeado de mucha gente, aprendes mucho, pero claro ya tarde. Pero hoy puedo decir que esto me enseño mucho, que cambio incluso mi personalidad y sobre todo mi forma de actuar para con algunos.
Hay alguna persona, de las más allegadas a mí, que en multitud de ocasiones me han dicho que, porque no olvidaba, que porque no pasaba página sobre eso y mi respuesta fue siempre clara, no, y lo digo desde la experiencia.
Son muchos los que me dicen que hay que ser empático, que intente comprender al otro, que no ponga muros etc.…. Pero lo que yo aprendí y se, es que cuando ya te traicionaron una vez, hay una verdad incómoda que nadie quiere aceptar, que esa primera traición no fue un accidente fue una decisión meditada. Quien ha sido traidor una vez lo será siempre que las circunstancias se lo permitan y aquí en este punto es donde muchas personas fallan hoy.
El mundo en el que vivimos quiere empujarte a que perdones rápido, a que sonrías una y otra vez como si nada hubiera pasado, pero yo ya no hago eso nunca más, no porque cuando alguien ya te traicionó ya cruzó una línea interna y la segunda traición no es una posibilidad es solo cuestión de tiempo y esta llegará tenlo por seguro.
El tiempo me dio la razón sobre esto porque he comprobado que en su alma, en su interior está latente la idea de hacerme daño, si yo hubiese cedido los actos de hoy me hubiesen hecho un daño más irreparable. Lo mejor para mí fue actuar como bien lo enseña la Biblia, y yo no soy nada religioso, pero esta enseña mucho y en ella está escrito “Como diente roto y pie fuera de lugar es confiar en el traidor en tiempo de angustia”, la Biblia no dice en ningún momento perdónalo rápido, no dice sonríele otra vez, dice no confíes, la biblia no promueve el rencor por supuesto, pero tampoco promueve la ingenuidad, incluso el mismísimo Jesús fue claro “Sed mansos como palomas pero astutos como serpientes”, mansos, no ciegos, buenos, no ingenuos.
Yo no quiero más confrontaciones ni tampoco busco la venganza por esto, hago lo que considero mucho más poderoso, retiro el acceso y esa es la diferencia clave. No sonreír no es odiar, no sonreír no es ser cruel, no sonreír es poner un límite silencioso, ya que el guerrero no entra en drama ni se justifica simplemente se repliega.
Como comento son muchos los que me dice que no sea tan seco y que perdone, pero para mí la gente se equivoca y mucho, porque nadie de estos consejeros me puede hablar ni tampoco me enseña cómo proteger mi dignidad. La traición si es tolerada se convierte en un patrón, por eso yo recomiendo no sonreír al traidor y no porque sea frio sino porque ya aprendí. Yo no he cerrado el corazón al mundo, pero si lo he cerrado a quien me demostró quien es, el poder no está en perdonar rápido sino en no volver a exponerte para que te hagan daño. No tienes que enfrentarte a nadie así, ni tampoco pedir explicaciones hay que hacer algo mucho más efectivo y es retirar la confianza por completo, porque quien se alegra de tu caída o perdida no quiere verte crecer, no quiere verte fuerte, solo te tolera mientras no lo superes. Aquí la cortesía es un error y la sonrisa sería una concesión.
Si notas o descubres a esa persona deja de compartir tus luchas con él, porque tu vulnerabilidad es su munición. No busques la aprobación del traidor ya que él se alimenta de compararse contigo, tienes que mantener un trato correcto, pero no cercano, respeto sí, pero confianza no, y no intentes demostrarle nada ya que el crecimiento silencioso es la mejor respuesta.
Hoy vivimos en una época de mucha competencia disfrazada de amistad, envidia maquillada de consejos, sonrisas escondidas cuando fallas, pero un guerrero de hoy lo tiene que entender, y darse cuenta que uno no necesita muchas personas cerca necesitas solo a las correctas.
No sonreír al que se alegra de tu caída no es ser rencoroso, es despertar, si lo haces ellos confundirán esta calma con debilidad, si tu respondes con calma y no reaccionas, ellos sacaran la conclusión de que no pasa nada y por tanto pueden ir un poco más allá. Es así, los hombres respetan más al que pone límites que al que siempre tolera, la calma es una virtud, pero la calma sin firmeza se convierte en invitación. Si no hay una consecuencia, el abuso sigue sin lugar a dudas, y si hay abuso este comenzó porque no tienes firmeza, no se puede permitir todo contra uno, no se puede sonreír a quien cruzo tus límites y no porque seas agresivo sino porque te respetas.
Por eso ante estas situaciones creo que hay que retirarse sin explicaciones, porque explicar tu cansancio es volver a ponerte en posición de dar. Por eso reducir tu disponibilidad es clave, no para castigar sino para protegerte. Observa y analiza con mucho detenimiento quien es el que se queda cuando ya no das igual, ahí está la verdad.
Mi consejo, o mi forma de pensar viene desde la experiencia en el trato con la gente y creo que no se debe dar más a quien ya te usó y no es por rencor es por dignidad, porque cuando sigues sonriendo después de haber sido usado no te están faltando al respeto te estas faltando tu. Por eso tienes que dejar bien claro la diferencia que existe entre respeto y simpatía, ya que muchos confunden estas dos cosas, simpatía es caer bien y respeto es que no se atrevan a cruzarte. Y error es creer que al actuar así se es, o un amargado, o frio …. NO…. amigos … NO, no sonreír al traidor es claridad, es decir aprendí, ya vi, aquí no vuelves a entrar.
Por lo tanto, mi ley final es muy simple y muy clara, no sonrías más a quien ya te traiciono, a quien usó tu bondad, a quien celebro tu caída, a quien confundió tu calma con debilidad, a quien te quito autoridad y no por venganza si no por respeto propio.
